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Descripción

El reconocido fotografo Gonzalo Granja te invita a un recorrido por la provincia de Cordoba mostrando todos sus bellezas ocultas a traves de su lente.


Artículo de La Voz del Interior:


El fotógrafo cordobés logró cumplir un sueño y un regalo para su tierra: un libro para conectar a viajeros, redescubrir rincones y disfrutar de la naturaleza sin dejar huella. Un proyecto a pulmón, con imágenes reconocidas por la National Geographic. 

Por Milagros Martínez. 24 de Junio de 2018

Tienen luz propia, te atrapan y te invitan a repetir una vez más: ¡Qué linda que es Córdoba! Las fotos de Gonzalo Granja te predisponen a una sintonía diferente con la naturaleza. A él le gusta decir que “a algunos nos pican los pies y necesitamos estar en movimiento todo el tiempo”. Las imágenes son justamente eso, una especie de aroma que nos inquieta y nos impulsa a salir al encuentro.

Estas postales se inmortalizaron en un libro y pretenden ser el motor de otros viajeros. “La idea es mostrar que Córdoba no es sólo sierras. También hay cavernas, ríos subterráneos, lagos, cascadas, bosques con árboles autóctonos, pinares... ¡De todo! Y para los cordobeses todo eso está a una hora de nuestras casas. No es una enciclopedia, pero yo lo considero un empujón a salir, a decir: todo esto está afuera”, asegura Gonzalo, fotógrafo y realizador audiovisual especializado en turismo. 

Con una pasión clara y sólo 28 años, logró publicar Maravillas de Córdoba, un libro de fotos con 300 páginas y 72 locaciones. Para darlo a conocer en cada rincón del país presentó el ejemplar por primera vez en la Feria del Libro de Buenos Aires. Recientemente, compartió su experiencia con alumnos del Colegio Universitario IES y muy pronto lo hará en Alta Gracia y el mítico Cerro Colorado. 

En un viaje por la fotografía realista, cada página es capaz de mostrar un rincón a cara lavada, un cielo nublado, el desgaste de la naturaleza, una jornada de sol radiante o una imagen de drone perfecta. Además, se trata de un relato vivo, que invita a la experiencia. “La idea de poner personas no sólo es para dar escala, para mostrar cuán grande es un cerro o una quebrada, sino también para mostrar que ahí las personas viven cosas”, aclara Gonzalo mientras recuerda el día en que vio la primera tirada con tres mil ejemplares.

Valorar más lo nuestro

A lo largo del proyecto, fue todo un desafío ofrecer lugares que no se puedan encontrar fácilmente en Internet. Cada capítulo comienza con un mapa que ubica las maravillas de Sierras Chicas; los valles de Paravachasca, Punilla y Calamuchita; Traslasierra; las Altas Cumbres, Mar Chiquita y las Salinas. 

La idea del libro es reforzar la conciencia ecológica e invitar a los viajeros a cargar en sus mochilas sólo imágenes y experiencias. “Vivir esos espacios sin dejar huella, sin dejar rastro. Dejar mínimamente el lugar como lo encontramos es la ley primera. Y si podemos mejorarlo, sería un plus. Pero no dañarlo, no llevarse piedras, no escribirlos”, subraya Gonzalo.

Nada más lindo para el autor que ver a otros disfrutando de las maravillas cordobesas. “Cuando recibo una imagen de alguien que está con el libro en el lugar, siento que ahí se cerró el círculo. El libro llevó a la persona a ese lugar y no quedó simplemente como algo de lectura en su casa”, cuenta y para multiplicar la alegría que siente en esos momentos, comparte esas fotos de la gente en su Instagram.

Esfuerzo y gratitud 

Detrás de cada imagen, hay un intenso trabajo de producción. “La cámara es una herramienta, es como el lápiz para el que escribe o el cincel para un escultor. Por eso es muy importante antes de sacar una foto, pensar qué es lo que queremos decir de estos lugares. En esa búsqueda, son días, meses de estar a la antigua con un mapa, marcando y viendo a dónde atraviesan los cordones montañosos”, explica Gonzalo. 

Él mismo se ocupó también de coordinar con gente local alguna actividad, gestionar el hospedaje y definir exactamente el punto a retratar. Por ejemplo, para ilustrar los túneles de Taninga pensó en un objeto atemporal que pueda dar escala del lugar, como una combi. Sin duda, detalles que construyen ese sello tan particular y difícil de olvidar. 

Cada foto está acompañada por un breve texto descriptivo que invita a soñar. La foto del Observatorio de Bosque Alegre, que deja ver miles de estrellas, es comparada con la magia de una película natural que se reproduce 24 horas. Y esa sensación de agradecimiento al universo se da también en las noches de los cerros.  

Un trabajo que trasciende

No agregar ni sacar nada del registro fue uno de los ejes de su trabajo. “Que todo lo que uno vea sea información que quedó guardada en la cámara. Ninguna imagen del libro fue fotomanipulada. En la edición sólo se le subió un poco el brillo, el contraste o la saturación de colores”, compara el autor para destacar el carácter realista. 

Tres de sus capturas fueron publicadas por la revista National Geographic en español, en la sección Foto del día. Una de ellas, la del río subterráneo, se puede explorar en La Cumbrecita. Sus imágenes ya trascienden fronteras, se guardan sin parar entre las favoritas de los usuarios y él siente que cada una es un regalo a la naturaleza: